Tánger ‘hippy’

Source: El Mundo

El escritor marroquí, Mohamed Chukri. AFP
LUIS ANTONIO DE VILLENA   –  30/03/2016 03:06

Vi algunas veces a Mohamed Chukri (1935-2003) en el Café de París por las tardes. Ya bebía whisky, bien que en los años 90 el Islam era muy otro del que se gasta ahora. Chukri, con aire huraño y un tanto marginal, era ya uno de los mejores escritores marroquíes en árabe y podría haberlo sido en español -hablaba muy bien nuestra lengua- porque había nacido en una aldea del Rif, durante el Protectorado.

Chukri decía detestar el Tánger Internacional (el que, con razón, se convirtió en un mito) pero estaba orgulloso de los escritores que había tratado por ello, desde Bowles -de él habla bien y mal- hasta el escurridizo Genet. Sin duda muchos buscaban allá turismo sexual, aunque no sólo, pero eso no es lo que le importa a un hombre atormentado que, a menudo, presumía de alcohol, kif y putas, de la gran bondad de las putas… El primer tomo de su autobiografía, El pan desnudo (más bello que el muy prosaico El pan a secas) fue prohibido en Marruecos. Ahora es un clásico, pero si un día llegara un islamismo radical, Chukri, post mortem, sería una víctima. No era ese su mundo.

En realidad casi todos los libros de Chukri, entre el lirismo y el relato fragmentado, son libros de fondo autobiográfico. Chukri habla siempre de sí mismo, pues su vida y sus puntos de vista son singulares, así son los libros. Y el recién traducido (Cabaret Voltaire) Zoco Chico es uno de los mejores. Se publicó en 1976 y cuenta la llegada de Chukri a Tánger para quedarse -a partir de los mediados 60- y cómo encuentra el mundo marroquí lleno de extranjeros peculiares que no buscan el cosmopolitismo (aunque lo crean) sino mezclarse y aún participar en la vida de los nativos.

Es el Tánger de los hippies donde Chukri en su vagabundeo o medineo tiene lances eróticos con chicas abiertas a toda experiencia y por supuesto ensoñaciones con drogas que no son el habitual kif, sino ahora el LSD del que Chukri narra, muy vivamente, algunas experiencias… Sexo, vagabundeo, drogas y el mundo tradicional marroquí significado en ese Zoco Chico que es como decían -dicen- los españoles de Tánger al zoco de dentro, y que devino un nombre muy popular. Desde el Jaffa Café (que existe aún) al Hotel Minzah -más cambiado-, Tánger fue un puesto clave del itinerario hippy. Gentes que querían otra vida (no sólo productiva), como el propio Chukri, y que si vivían haciendo economías y cerca de la gente local, siempre esperaban los giros familiares.

Yo estuve en Tánger por primera vez en 1969 y recuerdo ese paraíso tan hippy como propio. Claro que también había hippies ricos. Recuerdo en la exclusiva -entonces- piscina de El Minzah a una joven pareja inglesa ambos con pelo largo, bañadores cortos y muchos pendientes (pero ricos obviamente) que resultaban muy llamativos. Sobra decir que esos no eran los de Chukri, sino los de la vida incierta, el sexo y todas las picarescas. Escrito en un refinado estilo oral en escenas muy bien construidas, Zoco Chico es el traslado a un mundo cálido y palpitante, que prácticamente ya no existe.